La Secretaría de Educación Pública (SEP), a través de la sección “Mujeres en la historia”, destacó la participación de mujeres en la denominada Caravana del Hambre, movilización de trabajadores mineros del carbón ocurrida en la primera mitad del siglo XX en México, subrayando la relevancia de reconocer las luchas colectivas más allá de figuras individuales.
La subsecretaria de Educación Básica, Angélica Noemí Juárez Pérez, señaló que este ejercicio de memoria histórica permite reivindicar la solidaridad comunitaria como un valor fundamental, además de acercar a las nuevas generaciones a episodios clave del movimiento obrero mexicano y su lucha por la justicia social.
En el marco del 10 de abril, fecha que conmemora el natalicio de Leona Vicario y el aniversario luctuoso de Emiliano Zapata, se recordó que el 10 de abril de 1951 una manifestación de trabajadores mineros y sus familias fue disuelta de manera violenta frente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, tras una marcha iniciada desde Nueva Rosita, Coahuila, para exigir mejores condiciones laborales y el reconocimiento de sus representantes sindicales ante la empresa ASARCO.
Los antecedentes del conflicto se remontan al otoño de 1950, cuando la negativa de la empresa transnacional a reconocer al sindicato derivó en una huelga, acompañada de presiones como el cierre de la cooperativa y la suspensión de servicios básicos, entre ellos agua y atención médica, lo que generó una grave crisis humanitaria en la región.
Esta situación dio origen a la Caravana del Hambre, iniciada el 20 de enero de 1951, en la que participaron más de 4 mil mineros del carbón, así como 100 mujeres y 30 niñas y niños, quienes recorrieron el país hasta llegar a la Ciudad de México, visibilizando la magnitud del conflicto laboral.
Entre las mujeres participantes destacaron liderazgos como Guadalupe Rocha, además de la participación de Adela Ochoa, Juana Jasso y Amelia Mata, cuya presencia fue clave para evidenciar la dimensión social y familiar del movimiento.
El movimiento obrero contó con respaldo de intelectuales, artistas y sectores de la sociedad capitalina, además de apoyo internacional de países como Canadá, Estados Unidos, Checoslovaquia y China, dejando un legado sobre la organización colectiva, la solidaridad y el papel central de las mujeres en la lucha por la justicia laboral.
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