La exposición “Invención de Tierra”, del artista visual Pablo Tut, recupera un episodio poco visibilizado de la historia: el envío forzado de mayas peninsulares a combatir en 1836 en territorio texano, sin preparación militar suficiente y enfrentando la barrera del idioma.
La muestra abrió sus puertas en el Gran Museo del Mundo Maya, bajo la gestión de la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán, donde se plantea un recorrido que conecta territorio, identidad y memoria histórica a través de una narrativa contemporánea.
El proyecto artístico reconstruye el trayecto de un grupo de mayas que fueron obligados a participar en la batalla de la Misión Refugio, en 1836, en el actual estado de Texas, durante el contexto de la Revolución de Texas. La mayoría de estos hombres, sin entrenamiento adecuado, murieron sin posibilidades reales de defensa.
Las piezas que integran la exposición están sustentadas en una investigación desarrollada en colaboración con el historiador José Koyoc Ku, lo que permite construir un relato visual que funciona como un monumento simbólico a quienes quedaron fuera de las narrativas oficiales.
La obra no solo revisita el pasado, sino que establece un paralelismo con fenómenos actuales como la migración, evidenciando cómo comunidades mayahablantes continúan enfrentando condiciones adversas en territorios ajenos, replicando patrones históricos de exclusión.
Durante la inauguración, la titular de la Sedeculta, Patricia Martín Briceño, destacó que la exposición fortalece el papel del museo como un espacio que conecta la historia con las problemáticas contemporáneas, al tiempo que visibiliza relatos históricamente marginados.
Asimismo, subrayó que, en el marco del llamado Renacimiento Maya, el recinto impulsa una visión que reconoce a la cultura maya como una realidad viva, alejándose de interpretaciones limitadas al pasado arqueológico y promoviendo un diálogo activo con las expresiones actuales.
Por su parte, el artista enfatizó que el arte visual puede abrir nuevas rutas de interpretación histórica, permitiendo que episodios como este, aunque ocurridos fuera del territorio peninsular, formen parte de la memoria colectiva de Yucatán.
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