El Tratado de Alta Mar, conocido formalmente como el Acuerdo sobre Biodiversidad Marina más allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ), entró oficialmente en vigor este día, marcando un hecho histórico para la protección de los océanos a nivel global. Se trata del primer instrumento legalmente vinculante que establece un marco para conservar la biodiversidad en aguas internacionales, las cuales representan aproximadamente dos tercios de la superficie oceánica del planeta.
El acuerdo crea un órgano de gobierno y un proceso legal para el establecimiento de Áreas Marinas Protegidas en alta mar, algo que hasta ahora no existía. Más de 80 países han ratificado el tratado, aunque, como ocurre con otros acuerdos internacionales, solo será legalmente obligatorio para las naciones que completen este proceso formal.
En este contexto, la Científica en Jefe de Oceana, la Dra. Katie Matthews, destacó la relevancia del momento, pero también advirtió sobre los desafíos que vienen.
“La entrada en vigor del Tratado de Alta Mar es un momento histórico para los océanos, creando la primera oportunidad real de proteger aguas que cubren casi la mitad del planeta. Pero un tratado en papel no salvará los océanos. Lo que importa ahora es convertir estas palabras en acciones”, señaló.
La especialista subrayó que para que el tratado alcance su verdadero potencial, es indispensable que más países lo ratifiquen, participen activamente en la toma de decisiones y aceleren la implementación de medidas concretas. Añadió que, si los líderes mundiales realmente buscan cumplir el objetivo de proteger el 30% de los océanos para el año 2030, será necesaria una acción ambiciosa y coordinada en alta mar.
Paralelamente al desarrollo del tratado, Oceana ha impulsado iniciativas para la conservación marina a través de otros mecanismos. Un ejemplo es el trabajo de Oceana Chile ante la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur, con el objetivo de establecer un cierre pesquero en la Cordillera de Salas y Gómez–Nazca, una zona de casi 2,900 kilómetros cuadrados que alberga más de 100 montañas submarinas consideradas focos clave de biodiversidad.
El Tratado de Alta Mar representa una oportunidad sin precedentes para la protección de los océanos, pero su éxito dependerá de la voluntad política, la cooperación internacional y la traducción de los compromisos en acciones efectivas.

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