Ciudad de México, 15 de octubre de 2025.– El alivio del dolor es un derecho universal de los seres humanos, reconocido por la Carta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas desde el año 2000. Sin embargo, para muchas personas amputadas en México, ese derecho sigue siendo una deuda pendiente.
“El dolor de miembro fantasma era como si mi tobillo fuera forzado a estar torcido”, relata Yao Díaz, paratleta mexicana de básquetbol adaptado, seleccionada nacional en los Juegos Centroamericanos Guatemala 2018 y los Parapanamericanos Lima 2019.
El dolor apareció tras una reamputación: “Sentía descargas eléctricas que iban del muslo hacia los dedos o el talón. A veces eran leves, pero en otras llegaban como en racimo… era insoportable”, recuerda.
Yao perdió parte de su pierna izquierda hace cinco años tras un atropellamiento. Pero lo más difícil no fue la amputación, sino la persistencia de un dolor que no tenía cuerpo: el dolor fantasma, un fenómeno poco comprendido y rara vez atendido.
“No sabía del dolor fantasma sino hasta antes de mi primera amputación, leí sobre ello y platiqué con una persona cercana que había pasado por lo mismo, pero no imaginé lo doloroso que puede llegar a ser”, comparte Díaz, quien hoy es vocera de Ottobock México y coautora del libro Mujeres Dreams Boss, Mujeres Amputadas.
Dolor fantasma: un susurro de los nervios tras la amputación
El síndrome del miembro fantasma es la percepción de sensaciones en una extremidad que ya no existe. De acuerdo con el estudio Phantom Limb Syndrome: a Review, entre 80 y 100 % de las personas amputadas lo experimentan, y entre 60 y 80 % presentan dolor fantasma durante el periodo postoperatorio temprano.
“El síndrome del miembro fantasma incluye movimientos espontáneos, punzadas o ardor que el cerebro interpreta aunque el miembro ya no exista”, explica Rubén Trejo Fuentes, algólogo y anestesiólogo, miembro de la Asociación Mexicana para el Estudio del Dolor.
El especialista advierte que este dolor suele acompañarse de depresión, ansiedad, insomnio e incluso abandono de prótesis por temor al malestar.
En México, no existen estadísticas oficiales que revelen cuántas personas viven con dolor de miembro fantasma, ya que el padecimiento suele estar subregistrado o mal diagnosticado. “Los pacientes no siempre lo reportan y los médicos no siempre logran diferenciarlo del dolor residual”, puntualiza Trejo Fuentes.
Un reto para la medicina y la empatía
El tratamiento del dolor fantasma requiere un abordaje integral: rehabilitación física sobre el muñón, terapia de espejo, uso de medicamentos como antidepresivos o anticonvulsivos, y en algunos casos, procedimientos en nervios periféricos o médula espinal.
“El manejo médico del dolor de miembro fantasma es un reto porque implica comprender las pérdidas médicas, psicológicas, emocionales y sociales del paciente”, concluye Trejo Fuentes.
Mientras tanto, Yao Díaz continúa su labor como deportista y activista, visibilizando un fenómeno que muchos prefieren ignorar: “El dolor puede ser invisible, pero no por eso deja de ser real”.

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