Título: MARRANOS Y LADINO
Colaborador: : Franck Fernández – Traductor, intérprete y filólogo

Pleven es una ciudad que se encuentra en el centro norte de Bulgaria. Es una ciudad importante en la historia de este país porque, en 1878, ante sus puertas tuvo lugar una batalla decisiva en la que los rusos, rumanos y búlgaros, por una parte, lucharon contra el otomano que dominaba las tierras del antiguo reino e imperio de Bulgaria. En esta ciudad he tenido la gran suerte de vivir. La historia que les quiero narrar data del año 1980.

Estábamos en una galería de arte y, al escucharnos hablar español, un joven de unos 20 años se me acercó hablándome también en español. El detalle es que era muy raro el español que hablaba. Evidentemente la comunicación pasaba pero sí había diferencias entre lo que él hablaba y yo hablaba. Decía que sus abuelos habían sido españoles. Nos invitó a cenar a su casa donde sus padres y su hermana nos recibieron maravillosamente, como saben hacer los búlgaros. Los otros tres miembros de la familia también hablaban el mismo español raro. Yo me preguntaba cómo era posible que españoles hubieran emigrado a Bulgaria en los años 1910-1920, pues según mis cálculos es la época en que sus abuelos hubieran llegado de España. Bulgaria era un país bastante pobre en esa época y no era destino de inmigrantes. Los españoles fundamentalmente emigraban a América en busca de mejores condiciones de vida, cosa que les facilitaba el uso del mismo idioma. También me preguntaba cómo los padres de este joven, hijos de españoles, como habíamos comprendido, hablaran tan mal español. Fue solo durante la segunda invitación a esa casa que comprendimos todo.

No se trataba de sus abuelos, se trataba de sus antepasados. Entendí que eran judíos sefardíes y que hablaban el español que se hablaba en la península ibérica, que aún no era Estado español, cuando fueron expulsados de sus tierras en 1492 por los Reyes Católicos. Se les llama judíos sefardíes porque a España en hebrero se le llama Sefarad. En un inicio muchos de estos sefardíes cruzaron la frontera para ir a vivir a Portugal. Sin embargo, en ese país también se tomó la misma decisión de expulsarlos cinco años más tarde, decisión tomada por el rey portugués Juan II. Muchos otros sefardíes se establecieron en lo que hoy en día son los Países Bajos, que en aquella época formaban parte de los territorios españoles. Otros decidieron ir al sur, al Magreb o norte de África. Después de todo, de aquellas tierras habían partido a España o Sefarad los ancestros que fundaron la judería española y portuguesa siglos antes.

El sultán otomano Beyazid II los recibió con beneplácito. ¡Qué diferencia con las relaciones que mantienen hoy mayoritariamente los musulmanes y los israelitas! Es cierto que durante el tiempo que los sefardíes vivieron en territorios otomanos hubo altas y bajas en cuanto al tratamiento que se les daba, pero básicamente tuvieron una buena vida durante siglos en esas tierras.

Otro lugar a donde se dirigieron naturalmente los judíos españoles o sefardíes fue a lo que hoy en día es Italia. No debemos olvidar que para esas fechas era un compendio de diferentes territorios independientes que generalmente se hacían las guerras unos a otros. Allí también se pudieron establecer correctamente los judíos sefardíes. Tampoco debemos olvidar que para esta época los papas eran Médicis y Borgias y esos eran tan buenos católicos como yo soy Sha de Persia.

En Holanda contribuyeron enormemente con la expansión de ese país que, carente de recursos naturales propios, tenía que encontrar colonias. Precisamente fueron sefardíes quienes tuvieron la iniciativa de crear la Compañía de Indias Orientales que se fundó en Ámsterdam para colonizar territorios allende el mar.

Como en aquella época el imperio otomano abarcaba también todo lo que es la península balcánica, se establecieron en territorios que son hoy todas las antiguas repúblicas yugoslavas, Grecia (en particular en Salónica) y Bulgaria. Es de ahí que viene la experiencia que viví con esta familia búlgara de orígenes sefardíes en la histórica .

Durante la ocupación de Alemania de estos países, los judíos en gran masa fueron llevados a los campos de concentración. La excepción de ello fue Italia durante el periodo en que Benito Mussolini fue el líder del movimiento fascista y gobernaba el país. Excepción también fue Bulgaria, porque el rey búlgaro desacató las órdenes de Hitler de sacar de sus territorios a los judíos. Fue esto lo que le costó la vida al rey Boris III que murió en un “accidente” aéreo orquestado en Berlín.

En España se les llamabas marrano, que no es nada más y nada menos que sinónimo de cerdo, a aquellos que, con tal de no abandonar sus tierras y propiedades en España, se convertían al catolicismo a media voz. Después de todo, el agua bautismal no lavaba el pecado inicial. Nacieron impuros y morirían impuros. A pesar de ello, muchas personas importantes de la historia española fueron marranos o descendientes de marranos. Santa Teresa de Ávila y Tomás de Torquemada son dos ejemplos de estos antiguos sefardíes ya conversos. Muchos marranos conservaron el judaísmo, es decir, continuaron con las tradiciones de su religión en casa. Continuaban celebrando el Sabbat y no comían cerdo. En otras familias, donde sí se convirtieron de buena fe los judíos al catolicismo, durante muchas generaciones continuaron poniendo velas en casa los viernes por la noche sin entender el verdadero origen de esa tradición familiar. Los judíos sefardíes llegaron a establecerse en territorios tan lejanos como Polonia.

Pero volvamos a la experiencia lingüística que viví en la ciudad de Pleven. El idioma que yo escuchaba ni siquiera era un español puro del año 1492. Para este año en la península se hablaba tanto gallego como aragonés, valenciano, portugués y castellano. Fue el castellano, por ser el idioma de las Cortes, el que se impuso como idioma aglutinador de todos estos diferentes reinos que conformaron más adelante la España que conocimos hoy. Los judíos que huyeron a otros territorios también supieron agregar a su idioma ladino palabras de los países donde se encontraban. No es extraño encontrar palabras árabes en el ladino que se hablaba en el norte de África y palabras de los diferentes idiomas de los países balcánicos en el ladino que se hablaba en esos países.

El ladino en estos momentos es un idioma que se encuentra en vías de extinción. Esto se ve en particular en América Latina, adonde llegaron muchos, sefardíes o descendientes de sefardíes, entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La razón de esta pérdida del idioma es que adoptaron el español como idioma para conversar en casa. En el momento en que escribo esta crónica existe aún un periódico que se edita en ladino, es “El amaneser”, así como lo ve, con S y no con C.

Las tradiciones son costumbres seculares que es difícil eliminar de golpe y porrazo. Las tradiciones, incluyendo las familiares, persisten y perduran por encima de cualquier mandato.

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