Título: ODESA, LA PERLA DEL MAR NEGRO
Colaboración: Franck Fernández – traductor, intérprete, filólogo

En el momento en que escribo estas notas, todo el planeta se encuentra ante una situación muy incierta. Vivimos momentos en los que ya nada es regional, todo es planetario. Estoy hablando del conflicto que enfrenta a dos naciones europeas: Ucrania y Rusia. La cosa se complica cuando uno de los beligerantes, que es potencia nuclear, amenaza con el uso de tan mortífera y odiada arma. Mi interés no es imponer mi criterio sobre el tema, sino contarles la historia de una de las grandes ciudades en la región que se ha convertido, muy a pesar suyo, en manzana de la discordia de estas dos naciones. Les quiero hablar de la historia de la ciudad de Odesa, conocida también como la Perla del Mar Negro.

La creación de la ciudad se la debemos a la emperatriz Catalina II, también conocida como Catalina la Grande, que ni siquiera era rusa. La primera de las hipótesis sobre el nombre de la ciudad dice que fue en honor a la antigua ciudad fundada sobre el Mar Negro por los griegos que llevaba el nombre de Odesos. Hoy es la actual Varna, importante centro portuario y balneario de la actual Bulgaria. La otra es que Catalina había dado la orden de que las ciudades que se fundaran en los territorios recientemente conquistados a los turcos llevaran nombres griegos, dedicándose esta nueva ciudad a Odiseo, el famoso héroe de la Ilíada de Homero, pero feminizado.

Cada metro cuadrado de Europa, con su relativamente pequeño territorio, con su innumerable cantidad de civilizaciones que han surgido o pasado por sus tierras, ha tenido múltiples dueños. En el caso específico de Crimea, tierra de litigio en estos momentos, por ahí han pasado griegos, hunos, ávaros, gépidos, pechenegos, sármatas, godos, eslavos, tártaros, moldavos, polacos, lituanos, otomanos, rusos… así que en estas condiciones evidentemente nadie puede reclamar como realmente suyo este territorio.

En los años 1200, los tártaros se establecieron en estas tierras del norte del Mar Negro siendo conquistados más adelante por los otomanos antes de que se hicieran con la célebre capital de Bizancio, Constantinopla. La Gran Catalina, en su afán de continuar la expansión territorial de su imperio como ya habían hecho otros zares antes que ella, miraba hacia los territorios del sur que pertenecían a los otomanos. Una vez Crimea en manos rusas, a todos estos territorios se les dio el nombre de La Nueva Rusia, de la que nuevamente se habla en nuestros días, a pesar de que ese nombre data de finales del siglo XVIII.

A un español, José Pascual Domingo de Ribas y Boyons, y almirante de la armada imperial rusa, Catalina le encargó la creación de esta ciudad. Ribas era español. José Ribas creó Odesa utilizando los cánones urbanísticos clásicos de la cuadrícula, que los españoles también utilizaron al crear sus ciudades en América. Más adelante otros extranjeros vinieron a formar parte de la cosmopolita historia de esta ciudad. Uno de ellos fue el Duque de Richelieu que, al huir de la revolución francesa, se refugió en Rusia y luchó en las tropas de Catalina II contra los otomanos. A él se le dio el título de gobernador de la Nueva Rusia y alcalde de Odesa.

La impronta que dejó este noble e ilustrado francés fue muy importante. Creó el Liceo Francés y trabajó mucho en la creación de un gran puerto para unir los territorios que gobernaba con el puerto de Marsella, puesto que desde Odesa salían los cereales de Ucrania y Rusia hacia el mercado europeo. Sobresalió por una cuarentena a la que sometió a su ciudad por una epidemia de cólera. Más tarde también fue gobernador de la ciudad el Conde de Langeron, francés y creador del primer periódico de la ciudad, Le messager de la Russie méridionale. Evidentemente, este periódico se editaba en francés y era leído por la élite rusa de la época. El famoso poeta ruso Alexander Pushkin, padre del idioma ruso moderno, al ser desterrado desde San Petersburgo fue enviado a esta ciudad del sur, donde el clima era más agradable y donde, según él, se respiraban los aires de Europa.

El hecho de ser tan reconocido puerto les procuró a los habitantes de la ciudad gran riqueza. Esto se reflejó en su arquitectura, en sus amplias y elegantes avenidas, todo esto favorecido por el hecho de que la ciudad se encuentra sobre la pendiente de una gran colina, lo que hace que, al mirarla desde el mar, parezca un gran anfiteatro. La riqueza de la ciudad era tal que Fabergé abrió en Odesa una boutique donde vendía sus afamadas joyas. Solo otras tres ciudades del imperio tenían boutiques del conocido joyero: San Petersburgo, Moscú y Kiev. También muestra de la riqueza y de la importancia cultural de la ciudad es su hermoso teatro de ópera, que no deja de recordar por su fachada al conocido Teatro de la Ópera de Dresde.

Toda la península de Crimea fue el escenario de la guerra de 1853 que la historia reconoce como la Guerra de Crimea. Los franceses, ingleses y otomanos se unieron (a pesar de ser una unión contra natura) contra Rusia, puesto que la intención del imperio zarista era llegar a conquistar incluso la capital del imperio otomano. Los horrores de esta guerra fueron narrados por el joven escritor Conde León Tolstoi. Fue la primera guerra en la que casi de forma simultánea se transmitían sus noticias a todo el mundo por la reciente invención del telégrafo. También fue durante esta guerra de 1853 que Florence Nightingale, establecida en un cuartel de los ingleses cerca de Constantinopla, creó las condiciones para el surgimiento de la enfermería moderna.

Odesa también fue foco en el conato de una revolución, anterior a la bolchevique de 1917. No olvidemos que, siempre por cuestiones territoriales, Rusia estuvo en 1905 en guerra con Japón, que despuntaba como potencia regional en el Lejano Oriente. Rusia fue humillantemente derrotada por esta nueva potencia imperial, lo que hizo que el país se viera envuelto en muchas revueltas, en particular de marinos, que no estaban dispuestos a ir al lejano oriente a luchar. Fue en Odesa que se produjo la sublevación del acorazado ruso Potemkin.

Esta sublevación fue sangrientamente aplastada. De estos acontecimientos, el reconocido cineasta soviético Serguei Einsteinstein se inspiró para su película El Acorazado Potemkin. Ya les he dicho que la ciudad, mirándola desde el mar, parece un gran anfiteatro y desde su puerto se llega al centro de la ciudad a través de una ancha y solemne escalinata. Esa escalinata llevaba el nombre del Duque de Richelieu. La guardia zarista, al reprimir la rebelión, disparó contra el pueblo, incluso contra aquellos que de ninguna forma estaban participando en la revuelta. Einsteinstein, por cuestiones plásticas, decidió filmar el hecho histórico teniendo como locación la escalinata. De esta escena es muy conocido el carrito de bebé que cae por toda la escalinata al ser herida de muerte la madre. Pero la historia es bien distinta. Este hecho en realidad no se produjo en la escalinata, sino en las calles aledañas. Sin embargo, el cineasta escogió este lugar por su belleza, lo que contribuyó en el mundo con la fama de esta escalinata.

Con el triunfo de la revolución bolchevique, como muchas otras naciones que formaban parte del imperio zarista, Ucrania intentó independizarse. Solo lo lograron las tres repúblicas bálticas, Finlandia y Polonia. Sin embargo, otros países como Azerbaiyán, Ucrania, Georgia y Armenia también lo intentaron. Llegaron a formar sus repúblicas independientes. Sin embargo, todas ellas fueron violentamente anexadas por el recién instaurado régimen bolchevique de Moscú. Después de la estrepitosa caída de la Unión Soviética en 1991, nuevamente estas naciones intentaron lo que habían perdido al comienzo de los años 20 del siglo pasado: su independencia. Ucrania obtuvo un acuerdo tácito de Rusia del respeto de su soberanía y territorialidad a cambio de que le entregaran todas las armas nucleares que en su territorio se encontraban de la época soviética.

En 1954, el presidente del Soviet Supremo, el ucraniano Nikita Jrushchov, decidió poner bajo jurisdicción de la República Federativa Soviética de Ucrania el territorio de la península de Crimea. Muchos dirán que fue por el hecho de ser él mismo ucraniano. Sin embargo, a decir de su hijo, Nikita lo hizo tomando en consideración que territorialmente Crimea estaba unida a Ucrania y no a Rusia.

Así que, cuando escuche nuevamente de conflictos territoriales en Europa, entienda lo que explicaba el comienzo de mi escrito. Cada metro cuadrado de Europa en algún momento de la historia ha pertenecido a otra nación o a otro país.

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