Colaboración: Margarita Robleda Moguel

La posibilidad de elegir

¿Por qué será que lo bueno siempre es más difícil?

Hace unas noches, ya en mi hamaca, en medio de la hilera de agradecimientos de salud, casa, vestido y sustento, se coló decir: ¡Gracias porque tengo la posibilidad de elegir!

A primera vista, habrá quien diga, ¿cuál capacidad de elegir? ¿Qué no ves lo que estamos padeciendo? Y sí, precisamente por eso la tenemos. A partir de entonces, mi agradecimiento es más consciente de que esta capacidad me permite elegir la palabra enfrentar, que me crece, a la de padecer. Frente a la oscuridad, elijo la esperanza que me brinda una chispa de luz.

Frente a la tristeza, darme cuerda para enfrentar el día. Ante la incertidumbre, elijo la certeza de encontrar en lo desconocido una oportunidad para continuar creciendo. Me queda claro que el cambio es la única constante.

Puedo elegir alimentar mis ideas de fake news, de esas que se acomodan fácilmente o leer e investigar para elaborar pensamientos más acordes a la realidad que quizás, rompan mis esquemas y sean incomodos para defender.

Elegir entre ver programas que me nutran o alimentar mi morbo con la infinidad de entrevistas de actores desempleados donde unos eligen sonsacar de sus entrevistados los laberintos más oscuros de sus vidas y los otros, aceptarlo con tal de salir al aire, aunque sea pringados de escándalo.

Puedo elegir de qué alimentar mi cuerpo, pensamientos y emociones.

Elijo, aunque suenen pasadas de moda, la bondad, la belleza, la misericordia y el amor. Elijo la empatía, la solidaridad, la justicia y la amistad. Elijo sanar.

Pensaba que los niños eran los más afectados, la ausencia de compañeros a su alrededor les impide crecer en el laboratorio de acierto y error que se da en la convivencia de aprender a ceder y dar, a decir no y a compartir; a no sentirse el centro del mundo. Pero gracias a la plática de una amiga, redescubro a los adultos mayores. Su mamá de 84 años manejaba su volchito antes de la pandemia. Se cayó y rompió la cadera y aquella mariposa inquieta, tuvo que encerrarse para sanar, proceso que le robo la fuerza y el ímpetu. Las amigas de su club se han ido apagando una a una. La desesperanza se va engullendo la alegría de vivir. Le ha tomado un esfuerzo enorme a esta guerrera elegir por la vida y hacer su esfuerzo por la rehabilitación. ¡Bravo!

Hace unos días me llegó un video de España donde cuenta que descubrieron a una banda de periquitos que aprendieron a abrir jaulas y ahora van por el pueblo abriendo jaulas de sus compañeros.

Desde hoy, asumo mi vocación de cotorrita y elijo dedicarme a abrir rejas que nos roban la alegría, la paz, el sosiego y la esperanza.

Elegir es juventud y esta, no es cuestión de años si no de actitud. Elijo contar mis bendiciones en lugar de dejarme atropellar por los retos. Elijo disfrutar lo que tengo, en vez de abatirme por lo que carezco.

Elijo que ese enojo que siento sea la energía para dejar este mundo un poco mejor.

Elijo estar bien… ¡porque me da la gana!

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